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La cueva del lobo

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November 06

Dialogo con la muerte

 

Todo tiene su tiempo, y todo tiene su hora. Tiempo de nacer, tiempo de vivir y hora de morir.
Eclesiastes 3:1-2


ÁMENSE EN SU TIEMPO DE VIVIR …


Era una noche oscura y fría. Daniel bebía un café sentado en su sillón favorito en la sala de estudio de su casa.
Su familia dormía, mientras él reflexionaba sobre muchas cosas, tantas, que perdió la noción del tiempo.
Eran las tres de la mañana, llevó su taza vacía al lavaplatos, y abrió el refrigerador para prepararse algo de comer.

Cuando cerró la puerta, vio junto a él a una figura muy conocida, pero nada apreciada…era la muerte!!



La espectral imagen le arrebató el sueño en un
instante, lo miró fijamente y le dijo con voz tenue
¿Sabes a qué he venido?
El asintió con la cabeza y dijo:
Sí, lo sé, ya es mi hora.


Confundida, la muerte preguntó a su víctima: ¿No vas a llorar? ¡Todos lo hacen! se arrodillan, suplican, juran que serán mejores, ruegan por otra oportunidad; mientras que tú, aceptas mi llegada con resignación.
Temeroso aun y con un nudo en la garganta, Daniel respondió: ¿De qué serviría? Nunca me darás otra oportunidad, tú solo haces tu trabajo.
Tienes razón, yo solo hago mi trabajo.

¿Puedo despedirme de mi familia? preguntó Daniel con la ligera esperanzade recibir un sí. -Tú has dicho que solo hago mi trabajo, yo no decido la hora ni el lugar, mucho menos los detalles.
Lo siento… dijo Daniel.
No tienes que disculparte, poca gente piensa en su familia mientras está en vida pero al llegar este momento, todos piden lo mismo.

No lo entiendes, dijo Daniel con tono de reproche, yo perdí a mi padre cuando tenia 15 años, y mi sufrimiento fue grande… pero mi hija menor tiene tan solo 4, déjame decirle que la amo.

Tuviste 4 años para decírselo, tuviste muchos días libres, muchos cumpleaños, fiestas, y otros momentos en que pudiste decirle a tu hija que la amas… pero ¿Por qué solo pensaste en tu hija?


Mi hijo mayor no me creería, y mi esposa, bueno … a ella no creo que le interese si la amo o no. Nos hemos distanciado mucho. Pero mi niña, no hay día que entre por la puerta y no esté ahí para recibirme con un beso.
Deja de hablar, se hace tarde,
-lo interrumpió la Muerte,
pero … está bien ¿sabes? este momento hace que mucha gente haga conciencia de cómo vivió su vida. Lástima que lo hagan demasiado tarde.



Ambos salieron de la casa, un extraño tren aguardaba en la calle y lo abordaron.
-No todo es aburrido en el estado de muerte, no puedo decirte lo que pasará al llegar, pero te propongo que juguemos una partida de Ajedrez “para matar el tiempo”.
Con sonrisa, y una lágrima Daniel le dijo:
¡que curioso! creí que no tenías sentido del humor…
El juego se inició. Daniel no se calmaba aunque comenzó ganando, consiguió un alfil y un caballo. Pero era obvio que eso no lo alegraba.
La Muerte le preguntó ¿A qué te dedicabas en vida?
Soy … es decir, era, un simple empleado en una fábrica de calzado.



¿Obrero?
No, trabajaba en la administración.

En cambio, yo soy un simple “peón”, haciendo lo que debo hacer y nada más. Mientras ustedes son dueños de su propia vida, capaces de decidir qué harán con ella ¿y para qué? si su decisión más común es desperdiciarla viviendo sin manifestar cariño y amor…
Te creí más cruel, comentó Daniel. ¡Nada es lo que parece!
El silencio reinó por unos instantes mientras Daniel ponía en jaque a la muerte.

Dime … ¿qué pensabas cuando te casaste?
Pensaba en ser feliz, en formar una linda familia, en formar parte de la alta sociedad[/color[color=darkblue]].¿Y lo lograste?Es broma ¿verdad? Me encontraste solo en la cocina, durante la madrugada, y te pedí despedirme de mi hija. Es obvio que no lo hice. Si hubiese mostrado más amor a mi familia, la solicitud de despedirme no hubiera sido necesaria.
Ya las lágrimas se habían secado del rostro de Daniel y de pronto exclamó suavemente ¡Jaque Mate!
La muerte sonrió y dijo: ¡Felicidades!



Daniel suspiró y respondió: Es una pena que no sirva de nada. No me importaba ganar, de todos modos ya estoy aquí …
Un simple juego de ajedrez no aleja mi mente de mi familia, mis hijos, mi esposa...


Las lágrimas brotaron de nuevo en el rostro de Daniel y se lo cubrió con ambas manos.
Mientras él sollozaba, la Muerte exclamó: ¡llegamos!



Daniel intentó calmarse, pero al abrir los ojos estaba de nuevo en su viejo sillón.
Eran las 6:45 de la mañana, y en lugar de gritar ¡ESTOY VIVO! Como lo haría cualquier otro, salió al patio y dijo con voz tenue: GRACIAS, DIOS MÍO …

Luego, entró a la habitación de su hija y la besó, a la de su esposa e hizo lo mismo.
Entró al cuarto donde dormía su hijo mayor, le hizo cosquillas en los pies, y le dijo:
hijo, despierta ¡es domingo! -¿papá, me despiertas para decirme que es domingo?
no hijito, no dormí, los desperté para decirles que los amo !!
- ya viejo, ven, échate un rato a mi lado.
Y luego de años, ambos se durmieron abrazados …


No juguemos ese ajedrez,
abracémonos ahora
Un abrazo amigos…


Aaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu...
November 05

Di lo que sientes

Les comparto esta historia, ojala les guste...

El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría. Por que la decepción que sentía parecía, ser más grande que el gran acontecimiento que representa tener una hija.

¡Yo quería un varón!

A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.
En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Carmencita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura.



Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Carmencita.
Este relato era contado a menudo por Rodolfo, el padre de Carmencita y Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Rodolfo según decía el mismo.



Una tarde estaba mi familia y la de Rodolfo, haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos: Papi,... cuándo cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?



- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?
Bueno papito,... tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella.
Al caer el sol regresamos a nuestras casas. Una mañana me encontré con Rodolfo enfrente del colegio donde estudiaba Carmencita quien ya tenía catorce años. Rodolfo se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro.
Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Carmencita, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de diez puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores. Felicité al dichoso papá.



Carmencita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá.
Fue un Domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Carmencita tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié, su papá la agarró de inmediato para que no cayera...Ya instalados en la iglesia, vimos como Carmencita fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento.
La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi hacia el hospital. Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban pasando, Rodolfo renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Carmencita, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.
Una mañana Rodolfo se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó: ¿Voy a morir, no es cierto? ¿Te lo dijeron los doctores?
No mi amor...no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado sobre este mundo respondió el padre. -¿Van a algún lugar? ¿Pueden ver desde lo alto a su familia? ¿Sabes si pueden volver? Preguntaba su Hija.
Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
¿Al viento? ¿Y cómo lo harías? No tengo la menor idea hijita, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Rodolfo, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más.
¡UN CORAZÓN! ¿Dónde hallar un corazón? ¡Un corazón! -¿Dónde Dios mío?



Ese mismo mes, Carmencita cumpliría sus quince años. Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar.
El domingo por la tarde ya Carmencita estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!
Sin embargo, Rodolfo todavía no había vuelto por el hospital y Carmencita lo extrañaba muchísimo, su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su papito sería el que trabajaría para sostener la familia.
Carmencita permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.
Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
"Carmencita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras. ¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!!

“Carmencita lloró todo el día y toda la noche; Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá; lloró como nadie lo ha hecho
y susurró: " Papi,... ahora puedo comprender cuanto me amabas yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "Te Amo" y te pediría perdón por haber guardado silencio tantas veces ".



En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y florecillas, y una suave brisa rozó las mejillas de Carmencita, alzó la mirada al cielo, intentó secar las lagrimas de su rostro, se levantó y emprendió regreso a su hogar.



Cuantas veces dejamos pasar la oportunidad de decir a las personas que amamos lo que sentimos por ellas, la verdad es que no sabemos si el dia de mañana tendremos la oportunidad de hacerlo...

Aaaaaaaaaaaauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu...

September 01

CREEP - RADIOHEAD

 

MY INMORTAL - EVANESCENCE

 
 
September 23

El mejor regalo

EL MEJOR REGALO
A un amigo mío llamado David, su hermano le dio un automóvil como regalo de Navidad. En nochebuena, cuando David salió de su oficina, un niño de la calle estaba caminando alrededor del brillante coche nuevo admirándolo.

-¿Este es su coche señor?- preguntó.
David afirmó con la cabeza.

-Mi hermano me lo dio en Navidad. El niño estaba asombrado.

- ¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y a usted no le costó nada?, Vaya me gustaría... titubeó el niño. Desde luego, David sabía lo que el niño iba a decir, que le gustaría tener un hermano así, pero lo que el muchacho realmente dijo estremeció a David de pies a cabeza.

- Me gustaría - prosiguió el niño poder ser un hermano así. David miró al niño con asombro, e impulsivamente añadió:

-¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?

- Oh, si, eso me encantaría.

Después de un corto paseo, el niño volteó y con los ojos chispeantes dijo:
- Señor... ¿No le importaría que pasáramos frente a mi casa?.

David sonrió. Creía saber lo que el muchacho quería. Quería enseñar a sus vecinos que podía llegar a su casa en un gran automóvil, pero de nuevo, David estaba equivocado.

- ¿Se puede detener donde están esos dos escalones? -pidió el niño. Subió corriendo y en poco rato David oyó que regresaba, pero no venía rápido. Llevaba consigo a su hermanito lisiado. Lo sentó en el primer escalón, entonces le señaló hacia el coche.

- ¿Lo ves?, Allí está Juan, tal como te lo dije, allí arriba. Su hermano se lo regaló de Navidad y a él no le costó ni un centavo, y algún día yo te voy a regalar uno igualito.... . entonces podrás ver por ti mismo todas las cosas bonitas de los escaparates de Navidad, de las que he estado tratando de contarte.

David, bajó del coche y subió al muchacho enfermo al asiento delantero. El hermano mayor, con los ojos radiantes, se subió atrás de él y los tres comenzaron un paseo navideño memorable.

Esa Nochebuena, David comprendió lo que Jesús quería decir con la frase: "HAY MAS DICHA EN DAR..."
 

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